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Política delacierva

Publicado el 15 noviembre, 2010 | por Ignacio de la Cierva

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Bielorrusia, la dictadura velada

Julio de 1994. Bielorrusia se prepara para sus segundas elecciones presidenciales. Hace tan solo cuatro años que se han independizado de la URSS y, como consecuencia directa, el país ha quedado herido de muerte: los grupos mafiosos brotan como las setas, el paro se encuentra a niveles históricos, la economía no acaba de despegar y el futuro pinta negro. Será en este contexto, donde emergerá la figura de Alexandr Lukashenko, un joven granjero populista que brilla por su habilidad con la retórica y sus propuestas mesiánicas, entre las que destacan acabar con la corrupción y doblar los salarios mínimos. El pueblo no se lo piensa dos veces, y se lanza en masa a votarle. Lukashenko gana holgadamente con un 45% de los votos en la primera vuelta, y un 80% en la segunda.
16 años más tarde, el mismo presidente que aseguró que instalaría en Bielorrusia “una democracia limpia” sigue manteniéndose en lo más alto. Y no solo con más canas y arrugas, sino también con más poderes y menos escrúpulos.

Elecciones fraudulentas

“Las políticas internas de Hitler no estuvieron del todo mal” afirmó el nuevo presidente bielorruso al poco tiempo de ostentar su cargo. Toda una declaración de intenciones que la oposición no dudó en tacharla como una frase que revelaba sus verdaderas intenciones: acabar, al igual que el líder nazi, con el sistema democrático que le había aupado al poder. Y no parece que estuviesen muy desencaminados.

Ya en 1996, Lukashenko se quitó la piel de cordero y sacó el lobo que llevaba dentro: Como respuesta a la acusación de la oposición de “violación constante de la Constitución”, convocó un Referéndum para extender su mandato de cuatro a siete años. Esto, le daría derecho a disolver el Parlamento. El resultado fue tan claro como sospechoso: un 70,5% apoyó la medida, pero ni los Estados Unidos ni la Unión Europea quisieron reconocer la legitimidad del proceso dado que, entre otras artimañas, censuró las intervenciones de la oposición y cerró los medios de comunicación discordantes. Al día siguiente, el presidente bielorruso no dudó en utilizar sus nuevos poderes para expulsar a sus rivales del Parlamento acusándolos de “desleales” y crear uno nuevo, formado íntegramente por sus partidarios.

En las siguientes elecciones, las del 2001, Lukashenko, volvió a revalidar su mandato cosechando un éxito aplastante en las urnas. El miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Europeo (OSCE), Álvaro Ballesteros Cubero, tiene claro que los resultados de aquellos comicios fueron de todo menos limpios. Denunció, en el libro Papeles del Este. 3ª edición (2002), que “el único canal de televisión nacional que había, repitió los mensajes presidenciales hasta la saciedad. Además, los principales periódicos estuvieron al servicio del régimen y la pegada de carteles fue restringida. Si, a esto, le sumamos la escasa presencia de observadores nacionales independientes y la fuerte presencia de la policía, tanto en la organización del colegio electoral como en el posterior recuento de votos, estamos hablando de una victoria más que discutida”.

Poco le debió importar a Lukashenko la presión y la opinión internacional -que, por otra parte, estaba más pendiente de los atentados del 11 de Septiembre en EE.UU.- ya que en las elecciones del 2006, volvió a hacer más de lo mismo, añadiendo la novedad de servirse de la dura represión policial. Valga como ejemplo que el líder de los socialdemócratas, Kolzulin, fue misteriosamente detenido y vapuleado. ¿Su crimen? Protestar ante la Asamblea del Pueblo Bielorruso por los claros indicios de abusos gubernamentales. El único observador español que presenció esta nueva burla electoral, el diputado popular Jesús López-Medel, denunció en su día a Europa Press que fue una de las experiencias más fraudulentas que había vivido.

Medios de comunicación amordazados

¿Cómo mantener una corriente de opinión favorable? Fácil, debió pensar el déspota eslavo: aplicas la máxima de “un pueblo ignorante es un pueblo fácil de dominar” y problema resuelto. Por eso, no es de extrañar que, el mayor grupo de medios de comunicación en Bielorrusia sea la empresa pública Compañía Nacional del Estado de Televisión y Radios, la cual es totalmente dependiente del Gobierno. Además, todas las empresas de medios de comunicación son reguladas por la Ley de Prensa, aprobada, curiosamente, en 1995 (seis meses después de que el pseudodemócrata fuese nombrado presidente). Esta ley, supuestamente, garantiza la libertad de prensa, pero va con trampa incluida, ya que el artículo 5 establece que no se puede criticar la gestión del presidente de Bielorrusia ni de otros funcionarios indicados -o lo que es lo mismo, los allegados al presidente- en la Constitución Nacional. Una vez puesta en marcha la ley, ya tenían la excusa perfecta para deshacerse de los periodistas que incordiasen. Y, además, irónicamente de forma legal.

Gracias a estos logros, Bielorrusia se ha ganado a pulso el honorífico puesto 154 (de 178 países) en el ranking de Libertad de Prensa que elabora anualmente Reporteros Sin Fronteras.
Pero no todo han sido malas noticias para los informadores bielorrusos. El Parlamento Europeo les galardonó, en el 2004, con el premio Sajarov como reconocimiento a las dificultades que debían afrontar en el ejercicio de su profesión.

La Economía, su principal baza

Aun teniendo en cuenta que no se permite la pluralidad de opiniones, resulta difícil encontrar explicaciones de por qué el pueblo bielorruso no reacciona. La respuesta nos la da el profesor Carlos Taibo, experto en Rusia y Europa del Este, que afirma que “los bielorrusos se han acogido a aquello de más vale lo bueno conocido, que lo malo por conocer. Esto, unido a la decepción de la revolución naranja, al apoyo de Rusia y, sobre todo, a los buenos resultados económicos -en comparación con sus países vecinos- explican parte del éxito”. Y es que, es en este último aspecto donde Lukashenko puede sacar pecho, ya que el PIB del país no ha dejado de crecer (incluso en plena crisis) durante los últimos 12 años.

Pero no todo el monte es orégano o, por lo menos, así lo ve el periodista estadounidense, Peter Savodnick, que describió, en el periódico Wall Street Journal, a Bielorrusia como un “régimen surrealista de corte estalinista, que se sustenta únicamente en el miedo, el hambre y el culto a la personalidad”. Además, asegura que “Lukashenko ya ha destruido todo el sector privado de la economía. El pueblo vegeta en medio de la pobreza y la falta de dinero pues, hasta el cobro de los míseros sueldos y pensiones, depende de la voluntad del presidente”. Esta visión catastrofista, concuerda con la que tiene el líder de la oposición, el pro estadounidense Alexander Milinkevich, que además llegó a avisar de que el apoyo financiero dejaría de llegar si no se daban los suficientes pasos políticos hacia la libertad.

Amistades peligrosas

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez o el primer ministro de China, Hu Hintao, son sin duda dos de los más importantes y poderosos aliados con los que cuenta Luka.
Pero, si tenemos que hablar de su socio número uno, tenemos que hablar de Rusia, de la que es totalmente dependiente en cuanto a la importación de materias primas y a su mercado de exportación.
En las fronteras entre Rusia y Bielorrusia no hay puestos fronterizos. Los ciudadanos de Bielorrusia pueden llegar y trabajar en Rusia sin visado ni permiso, y viceversa. Tienen un sistema común de organización y distribución del área de defensa y de producción de tecnología militar. Además, la lengua rusa es, junto al bielorruso, idioma oficial en Bielorrusia. Tanta hermandad ha hecho que durante varios años se coquetee con la idea de reunificarse y construir así un Estado común.

Sin embargo, una serie de acontecimientos recientes han dejado al descubierto que la relación entre ellos no pasa por su mejor momento: El pasado mes de Abril, el Kremlin utilizó la televisión pública para difundir graves acusaciones contra Alexandr Lukashenko, que fue presentado como un dictador, simpatizante de Hitler y sospechoso de la desaparición y muerte de sus principales oponentes políticos. Pero la cosa no quedó ahí. Para meter el dedo un poco más en la llaga, Gazprom, el monopolio exportador de gas ruso (controlado por el Estado), les cortó el fluido de gas por impago. El líder bielorruso no tuvo otra opción que aceptar a regañadientes el pago de la deuda, no sin antes enviar un recadito a su homólogo ruso. “Hasta qué cinismo y absurdo se puede llegar, cuando tú me debes 260 millones de dólares y yo a tí sólo 190 millones; pero me cierras el grifo”, llegó a decirle en un momento de rabia.
Según las fuentes oficiales, el asunto ya está zanjado. Según fuentes oficiosas, esto no es más que la punta del iceberg de un conflicto que puede llegar a tener consecuenciales internacionales.

Futuro en el aire

Con todo lo dicho, se puede afirmar que Bielorrusia es una bomba de relojería que no se sabe cuándo va a estallar, ni cuales van a ser las dimensiones del impacto.
El opositor Milinkevich, en una entrevista realizada por Cristina Álvarez para el portal Globalaffairs, no tiene ninguna duda en destacar la importancia de la Unión Europea para lograr alcanzar el sueño de la paz y la democracia. “La política de aislar a Bielorrusia no tiene sentido porque en estos años nada ha cambiado: ha habido más represión, la situación de la oposición es la misma, no ha habido ninguna reforma económica y la dependencia de Rusia ha aumentado. Ese aislamiento no ha dado ningún resultado. Bruselas ha adoptado esta nueva estrategia, que apoyo. El diálogo es muy importante, incluso con un país no democrático, pero tiene que ser crítico y con condiciones”.

En la misma línea se muestra Ballesteros que, en un apartado de su libro, escribe lo siguiente: “Hay un hecho que no se puede olvidar y es que, en el seno de la aparentemente adormecida sociedad bielorrusa, se está forjando un movimiento juvenil de pequeños partidos, ONGs, sindicatos y grupos varios, que se opone al régimen de Lukashenko, al tiempo que defiende un desarrollo de la democracia en Bielorrusia, y el acercamiento del país a las instituciones europeas. Europa y el mundo no pueden hacer oídos sordos. Necesitamos que nuestros representantes políticos encuentren caminos imaginativos para la cooperación y el desarrollo de los valores democráticos, y para que la juventud de este país pueda soñar con un futuro cercano de desarrollo y prosperidad junto a sus hermanos europeos y del resto del mundo”.

Esperemos que las palabras de estos hombres no queden en papel mojado y lleguen a cumplirse sus sueños. ¿La prueba de fuego? Las elecciones presidenciales del próximo 19 de Diciembre. Os mantendremos informados.

Escrito por Ignacio de la Cierva

* Para conocer más sobre el día de sus ciudadanos, os recomiendo ver este documental que está dividido en seis partes y subtitulado en inglés.

Bibliografía

http://www.fride.org/publicacion/202/bielorussia:-entre-rusia-y-occidente

http://www.lukor.com/not-esp/internacional/portada/06032221.htm

http://sp.rian.ru/international/20101102/147841207.html

http://spanish.safe-democracy.org/portada/entender-lo-de-bielorrusia.html

http://www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=5767

http://bielorrusiaexiste.wordpress.com/

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Kremlin/humilla/presidente/Bielorrusia/elpepuint/20100705elpepuint_11/Tes

http://www.abc.es/20100621/economia/rusia-ordena-cortar-bielorrusia-201006210846.html

http://www.vtv.gov.ve/noticias-nacionales/46386



4 respuestas a Bielorrusia, la dictadura velada

  1. Óscar dijo:

    El articulo es brutal
    Aunque sigue sin ser la ultima dictadura de europa, la verdad..!
    un abrazo y animo, “el patibulo”!!

  2. Carmen dijo:

    Muy interesante. Perece mentira que sea un asunto del que se ha escrito y hablado tampoco. Seguid investigando, que es lo que deben hacer los buenos periodistas!

  3. jose q. dijo:

    Y esto como lo permiten? Y la ONU??

  4. jorgito dijo:

    La ONU adoptó en el 2008 una resolución de condena de las violaciones de derechos humanos . n la que solicitaba, entre otras cosas, la liberación de todas las personas detenidas por motivos políticos, el fin de todo procesamiento, acoso e intimidación de opositores políticos y defensores de los derechos humanos, el respeto de los derechos a la libertad de expresión, de reunión y de asociación, y el respeto del derecho a la libertad de religión o credo.
    Eso sí, de las sanciones, ni pío.

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