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Economía noguerol

Publicado el 29 octubre, 2011 | por Noguerol

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Pero que sea la última vez que roban…

El sistema capitalista se volvió a redefinir ayer en la capital económica europea: Vulcano. No, no mento Bruselas porque solo una fragua digna de un perdón divino puede acoger la altura de lo acordado: condonar la mitad de la deuda griega. Sin vaselina.

La necesidad, disfrazada de urgencia, se ha impuesto a una realidad que ya ni sorprende a una sociedad víctima del tedio y el soma de lo necesario. La recuperación económica en un sistema capitalista se plantea como la tierra fértil sobre la que, una vez aireada y pura, se puedan corregir las desviaciones típicas de las economías mixtas (aunque víctimas del mercado). Tiempo ha, cuando se discutía sobre si asumir el primer rescate griego, alguna voz anónima se preguntó: “y antes de pagar un rescate, ¿no se debería negociar con los secuestradores?”

La eurozona ha hecho entender a los europeos que la única vía pasa por olvidar (que no quitar, perdonar o condonar) la mitad de la deuda pública griega. Es decir: que 1 de cada 2 euros invertidos, en pos de la recuperación, no serán devueltos a quien compró deuda helena en un pasado adulterado con mentiras. O, para ser más preciso: todas las inversiones por debajo de un ratio de capital marcado tendrán que hacerse a la idea de asumir una pérdida del 100%. ¿A quién afecta esto? Por descontado, a los pequeños inversores.

Las entidades bancarias, presentadas como víctimas de esta neoconjura delPeloponeso,deben ser las primeras en recuperar el máximo posible de lo invertido: ellas articulan el sistema financiero que “todo lo obra y hace posible”.Tal y como nuestra compañera María López Plaza retrataba (benévolamente y carente en la merecida caricaturización) al máximo responsable heleno, Yorgos Papandréu; el “role-play” implantado ha desvirtuado la percepción y el sentido común: los secuestradores ya no son perseguidos, los ladrones viven de rentas pasadas y las finanzas son una víctima más de un engranaje que ellas posibilitan.

Sí, era rotundamente necesario alcanzar ese acuerdo. No se discute porque es la salida. Pero el coste moral, ese que no se ajusta a las cifras y, por tanto, ni se conoce ni interesa; empieza a ser sino lo es ya un “bono basura”. Nadie lo compraría porque fue malvendido hace mucho tiempo. O arrebatado, “qué más da si no pasa nada. Pero, eso sí, que sea la última vez que roban, ¿vale?” Palmadita y a seguir.

Escrito por Alejandro Noguerol



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