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Cultura esteves

Publicado el 23 noviembre, 2011 | por Francia Esteves

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Amenaza biológica

“Acaba de llegar un caso extraño. No lo había visto nunca. El paciente presenta una especie de pústulas por todo el cuerpo. Algunas están rellenas de pus pero otras son duras, dice que le duelen muchísimo. También tiene fiebre alta”

Después de examinar al paciente, el doctor era incapaz de diagnosticar y tampoco estaba dispuesto a reconocer que no sabía de qué estaban hablando. Paracetamol, antibióticos, “y a esperar…”.

“Tras 48 horas el paciente presenta manchas negras por todo el cuerpo. La mayor parte de las pústulas también han ennegrecido y son duras. Tiene la cara y las extremidades llenas de pequeñas ampollas de sangre”.

“Los días pasan, el paciente no muestra mejoría alguna. De hecho, ha empeorado. Presenta grandes manchas negras y morados por todo el cuerpo. El tratamiento con paracetamol parece perjudicial. Además, ahora presenta hemorragias oculares, la parte blanca del ojo presenta un color rojo oscuro. Se desconoce qué tratamiento aplicar”.

“24 horas después el paciente ha sufrido una hemorragia intestinal imposible de contener. Ha expulsado fragmentos de intestino y sangre a través del recto. Extrañamente, el sujeto parecía consciente en todo momento. Ha fallecido esta tarde”.

No hace tanto que un caso así se produjo, ni tan lejos de nosotros como quisiéramos creer. Es más, virtualmente hablando, ningún médico actual podría reconocer la enfermedad descrita.

Si alguno ha pensado alguna vez que el Antrax es el arma biológica del futuro (o del presente) quisiera recordarle que el peligro real no suele venir por donde se le espera. El factor sorpresa es clave, el desconocimiento y la desinformación, indispensables. Y aun es más efectivo cuando proviene de una enfermedad que se considera erradicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y para la que el tratamiento dejó de administrarse hace años. Paranoicos e hipocondríacos lectores, les presento a la olvidada viruela.

Las imágenes pueden herir la sensibilidad de muchos, pero no se apuren todavía. En el mejor de los casos, vacunados, presentaremos un cuadro de ronchas que pican y fiebre. Nunca más tendremos que volver a preocuparnos por la viruela, la persona se vuelve inmune incluso al caso más extremo de viruela. En el peor, sin vacuna, se puede presentar el cuadro descrito al principio, conocido como “viruela auténtica”.

Días después del fallecimiento descrito, el hospital recibió otro caso semejante, ni la unidad de enfermedades venéreas ni de enfermedades dermatológicas sabían qué se podía hacer. Dos semanas después los hospitales de todo el país presentaban casos semejantes. El virus variólico se expande en olas de 14 días, su contagio es explosivo y exponencial, esto es, por cada persona que se contagia, ésta contagia a su vez de 10 a 20 personas. Y cada ola es peor que la anterior, más fuerte.

La buena noticia es que una vez que se reconoce que es viruela, el caso concreto tiene fácil solución: esa vacuna que había dejado de administrarse pero que es de ‘simple’ fabricación. En 1967 la OMS lanzó una campaña de vacunación masiva contra la viruela, hasta entonces la tasa de mortalidad por viruela era casi del 30%.

El ser humano es el único animal que tropieza dos veces (y quién sabe cuántas más) con la misma piedra. El 1970 se produjo un contagio en Alemania, contraido originalmente en Pakistán. Fue en 1972, en Yugoslavia, donde se presentó la epidemia descrita anteriormente y que hubo que tratar con urgencia. Se cerraron fronteras y medios de transporte y se realizó otra campaña de vacunación masiva. En 1980, la OMS declaró la enfermedad completamente erradicada.

¿Erradicada? Quizás solo dentro de nuestro pequeño mundo Occidental y de cara al público. En 1992, Ken Alibek, el físico soviético creador de la forma más peligrosa de Antrax publicó el libro Biohazard en el que revelaba que Rusia todavía conserva el virus variólico en su forma original, la materia prima. ¿Queremos saber más? Al parecer también investigan con el mismo y en 1991 llegaron a crear misiles que contenían virus y que fueron lanzados al Océano Pacífico. “Por la paz”, pensarían los rusos.

Pero ya se sabe que los viejas rivalidades nunca mueren. Estados Unidos también conserva en congeladores el temido virus y lo investiga, pero en secreto. En 1998, la inteligencia británica increpó a Rusia acerca de estos rumores. Se visitaron laboratorios, se tomaron evidencias, pero no hayaron nada concluyente. Lógico, es ilegal investigar con el virus y la Inteligencia soviética no es tonta.

Desde luego la OMS, entre esto de declarar la viruela “erradicada de la naturaleza por el ser humano” y su más reciente éxito con la gripe A, no parece estar muy fina. ¿De verdad les preocupa la salud mundial o solo la de unos pocos?

Escrito por Francia Esteves



Una respuesta a Amenaza biológica

  1. Aschoff-Tawara dijo:

    ¿Por qué temer un virus y no temer una proteína? Es cierto que ciertos gobiernos guardan en sus laboratorios muestras de este tipo de virus, pero también poseen cosas mucho más peligrosas para la integridad de la persona, como pueden ser los priones (que ni es un ser vivo) o los mismo Anticuerpos que a diario nos “salvan” la vida.

    Veo justificada en cierta forma el temor a la guerra biológica con el virus de la viruela, pero sinceramente este es el menor de los problemas socio-sanitarios, dado que al fin y al cabo para este hay vacunación (que no se emplea en la actualidad, pero que existe).

    Pienso que mayor repercusión puede tener algo que ni si quiera puede ser detectado debido a que es “común”. Se puede matar a grupos de personas por características moleculares prácticamente sin tener que salir de casa, coges tus Anticuerpos contra cierta región del ADN, los introduces en las redes de suministro de agua y dejamos que el Sistema Inmune de la propia persona lo vaya matando.

    O si no, siempre tenemos a los priones, que son simplemente una cadena de aminoácidos, una proteína la cual no puede ser tratada con ningún medicamento en la actualidad, no es más que algo propio del cuerpo que por su estructura perjudica al organismo.

    Veo que la guerra biológica actual no esta encaminada a los “nuevos-viejos” virus, si no a los agentes infecciosos y letales que no pueden ser detectados ni tratados.

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