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Cultura Gime

Publicado el 13 diciembre, 2011 | por María del Mar Giménez

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Ladrones de esperanza

Hoy se juzgaba en Madrid a Sergio González, el autor del asesinato de Ivana Sanz, ex pareja suya y madre de dos menores de edad. Decimos asesinato y no homicidio porque el claro ensañamiento con el que se ejecutó este crimen no solo está bien demostrado, sino que solo relatarlo pone los pelos de punta.

Sergio cortó la tráquea de Ivana, mientras esta intentaba escapar, para que no gritara. Una vez hecho esto le asestó 82 puñaladas repartidas por todo su cuerpo.

La “no ayuda” de los medios

Es otra víctima más de una lista negra que no para de sumar ingresos y puede ser hora de preguntarse qué estamos haciendo mal y cuánta culpa tienen los medios de comunicación de esto.

Ahora lo llaman violencia de género, antes era maltrato y mañana sacarán un nuevo eufemismo para dar nombre a esta moda que más que solucionar nada, publicita y da alas a los que perpetran estas dudosas hazañas.

¿Por qué sigue habiendo casos así si la violencia de género aparece un día sí y otro también en los telediarios de las distintas cadenas? Porque la única forma de erradicarla es modificar los valores de los que ven la inferioridad de la persona a la que quieren como algo normal. Sin embargo, esto se convierte en un imposible si diariamente estas personas encuentran modelos a seguir en todos los lugares de nuestro país, si no paramos de enseñarles gente con la que se pueden sentir identificados y que, al final, les hace pensar que su forma de pensar es la más correcta.

Ninguna ley parará las muertes mientras no sigamos otro tipo de labor educacional y ni una sola palabra eufemística acabará con lo que no es violencia de género sino asesinato, tortura, amenaza o brutalidad.

Además, ¿por qué precisamente violencia de género? ¿De qué género estamos hablando? Tanto los medios como los legisladores parecen haberse olvidado de que las mujeres no son el único colectivo afectado por hechos como este, que los hombres, los niños y los ancianos también sufren actos como similares y, por lo tanto, merecen y necesitan el mismo respaldo y la misma protección que la mujer.

Igualdad, ¿dónde estás?

La última ley de violencia de género no solo es completamente inútil sino que infringe el principio de igualdad. Alguien que agrede repetidamente a un pequeño tiene mucho menor castigo que alguien que agrede a una mujer que sea o haya sido su pareja.

Por no hablar de aberraciones como el hecho de que la simple denuncia de una mujer al hombre que comparte su vida con ella produce el ingreso en el calabozo de este de forma preventiva. Esto podría confundirse con un derecho penal de autor en el que por ser hombre te conviertes automáticamente en un probable delincuente, lo que se confirma con la denuncia de la supuesta víctima sin que haya mediación de pruebas.

Se está jugando con algo que puede dar pie a que se utilice la legislación como un arma arrojadiza para amenazar a hombres inocentes que después no podrán recuperar el tiempo que pasaron entre rejas, ni su dignidad, ni quitarse la mancha social que llevarán siempre a sus espaldas.

Terminaré diciendo que todo esto es simplemente la constatación de que algo no funciona, la muestra de que los principios de la gente no paran de caer en picado. Puestos a utilizar eufemismos, permitidme que en una sociedad impía y destrozada yo no llame a Sergio González ni violento de género ni maltratador, dejadme que en un día como hoy en el que estas muertes se cuentan ya por miles, yo le llame ladrón de esperanza.

Escrito por María del Mar Giménez



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