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Política esteves

Publicado el 16 enero, 2012 | por Francia Esteves

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El ABC de la injusticia

Ya basta de hablar de injusticia por parte de los medios de comunicación con gabinetes jurídicos que tendrían que estar preparados para leer sentencias como la que absuelve a tres presuntos asesinos y mete por 20 años en la cárcel a Miguel Carcaño, asesino confeso. Menuda la desfachatez del diario ABC y de toda la tropa periodística que sin remordimiento ninguno titula su portada: “La injusticia del caso Marta del Castillo”.

Me vale que los padres se quejen y que la sociedad despotrique, están en todo su derecho de indignarse y de que les duela. Todos compartimos esa extrañeza de pensar, de creer que sabemos pero, en realidad, solo intuimos lo que ha pasado. ¿Pretendemos que la intuición encierre a personas en las cárceles?

Hay cosas que quizás a los lectores legos se les escapan. Y más se les escapan a una familia llena de dolor, de un sufrimiento que todos sentiríamos. ¿A quién no se le iría la cabeza si le ocurriese lo mismo? Nadie está libre de sentir, de padecer y de querer venganza. Nadie.

Ojo por ojo

Y por eso mismo existe la Justicia, la Ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente”, se desterró. Les recuerdo que estamos en un Estado de Derecho y eso significa que todos tenemos ciertos derechos subjetivos fundamentales que son inquebrantables. Se tiene derecho, según nuestra Constitución, a la vida (art.15) y por eso se castiga al que la arrebata, al que mata. Pero también tenemos derecho a una tutela judicial efectiva (art. 24.1). Repito, efectiva, no acorde, no complaciente, no sentimental.

‘Efectiva’ significa que los jueces y tribunales, fiscales y demás harán aquello que esté en su mano para que se imparta justicia. El problema es que muchos no recuerdan, o no quieren ver, que lo que está en su mano es la Ley. Están sometidos, como todas las personas que campan a sus anchas por España, a la ley, a las normas creadas por nuestros legisladores, esos que se sientan en el Hemiciclo.

Incluso nuestro Poder Constituyente pensó que lo mejor era tener bien sujetos a los jueces, darles un margen muy pequeño, no fuese a pasar lo mismo de siempre, nuestra historia española repleta de un Poder Judicial que trabajaba a voluntad del Rey, del dictador o de quien quisiese. No, pensaron, esta vez que la ley les diga muy clarito lo que pueden hacer y que lo hagan.

Queremos que, cuando nos convenga, el sistema sea garantista, que reconozca nuestra presunción de inocencia o la de nuestros hijos y allegados. Pero cuando estemos rabiando de dolor, cuando nos tocan esa fibra sensible, “¡¿Como es posible?! ¿Absueltos el resto de los sinvergüenzas esos (nótese el eufemismo)?”. Cuando nos indignamos queremos que el sistema judicial funcione por sentimientos, por indignación. “¿Qué más quiere el Sr. Juez?  ¿Qué más necesita?”. Les pregunto a todos esos que señalan la sentencia si eso es realmente lo que quieren. He llegado hasta a leer que aquí ha habido un “exceso de derecho de garantías”, el colmo. A ver si nos damos cuenta ya, que lo que ha habido aquí es un exceso de falta de pruebas.

Asesino de palabra

“Si lo ha hecho, pues que pague”. Pues oiga, le pese a quien le pese, habrá que demostrar quién ha hecho qué. Miguel Carcaño es asesino confeso, esto es, ha confesado que mató a Marta. Pero lo mismo podría haber seguido diciendo que él no había hecho nada. Él  ha dicho eso, vale, como Perico el de los Palotes podría haber dicho que también tenía algo que decir sobre el caso.

Lo triste, pero cierto es que el cuerpo de Marta del Castillo no está, y nadie conoce su paradero o prefieren ocultarlo. Nos quema la sangre, claro que sí, pero si no se puede demostrar nada más, porque ha sido materialmente imposible, pues habrá que seguir a pies juntillas lo que dice la Ley. Que eso, señores míos, es lo que deben y hacen los jueces y tribunales.

Que pidan endurecimiento de la ley, que sin duda alguna tiene lagunas, que se manifiesten los que se sientan defraudados o indignados. Y los padres, que recurran, que están en todo su derecho. Pero, al final, un juez no puede hacer más que lo que puede hacer y todos: los propios padres, la familia, la sociedad y el órgano judicial que ha tenido que conocer del caso. Todos, sin excepción, nos iremos a la cama pensando que ojalá fuese diferente, que ojalá ese cuerpo se hubiera encontrado o que hubiese pruebas contundentes.

Escrito por Francia Esteves



Una respuesta a El ABC de la injusticia

  1. Carles dijo:

    desde luego q te ajustas a lo realmente legal, asi da gusto y ojala todos los medios fueran de tu estilo

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