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Política julio

Publicado el 7 febrero, 2012 | por Julio Huete

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El panfleto de las quejas

Los indignados de Madrid ya tienen su propio periódico. Lo han bautizado con el nombre de Madrid 15-M, original donde los haya. Según el propio movimiento y varias asambleas que secundaron la idea, el objetivo de este periódico es “poner cara al movimiento entre la ciudadanía”. Si ese es el propósito, he de decir que estoy plenamente satisfecho porque por fin podremos ver si esta mal llamada Spanish Revolution tiene verdaderamente alguna cara o si únicamente es un conglomerado de sentimientos de amargura como han demostrado hasta el momento.

Al igual que el propio movimiento, el periódico corre el riesgo de convertirse en otro juego de esta gran fiesta a nivel regional llamada 15-M. Lo que en un principio fue planteado como algo original, encabezado por gente joven y sobre todo, no olvidemos esto, con el objetivo de ser tenidos en cuenta por los que mandan, pasó a convertirse, con perdón de la expresión, en el cachondeo de siempre. Algo similar podría suceder con esta iniciativa: de ser un periódico de interés para todos los madrileños a caer en el amarillismo que tanto se critica, o, simplemente, un panfleto lleno de quejas.

Objetivos reales

Sería una buena oportunidad para crear puestos de trabajo, por mínimos que fueran, el lanzamiento de este periódico. Sin embargo, los primeros 20.000 ejemplares fueron vendidos gratis el pasado sábado. Mucho me temo que el futuro del recién nacido Madrid 15-M sea acabar siendo el típico panfleto de las primeras décadas del siglo XX reflejando la evidente realidad de lo mal que está todo.

¿Hace falta acaso este periódico para darse cuenta de cómo está el panorama? Digo esto porque muchas veces da la sensación de que aquel que no está de acuerdo con los derroteros que ha cogido el movimiento es como si fuese una especie de esquirol. No estar de acuerdo con los indignados no implica no estarlo.

Por muy banal que parezca, tiene importancia el nombre que se le otorga a las cosas. Sin ir más lejos, este verano tuvo lugar la visita del Papa a Madrid y con él la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud). Detengámonos un instante. ¿Es correcto ese nombre? Porque al igual que hubo muchos jóvenes en esa concentración, fueron muchos más los que no asistieron. Por tanto, hablemos con propiedad y llamemos a las cosas por su nombre: Jornada Mundial de la Juventud CATÓLICA.

Pues bien, algo similar ocurre con los indignados en cuestión. ¿Es que el propio nombre no se suma a la manipulación que tanto critica? La cuestión es: indignados de qué y con qué. Y si realmente lo están, al igual que lo estamos el resto que hemos tenido que desvincularnos de ese nombre por el hecho de que tampoco creemos que nos representen, ¿cuál es el objetivo real? Porque de lo contrario, al no concretar y no mostrar una solidez de propuestas como solución a tanta indignación, no estarían haciendo otra cosa que política.

Lagunas conceptuales

Hace cuatro años, la percepción era que aquellos desencantados con el sistema y hartos del bipartidismo, que terminó consolidándose en las elecciones de 2008, simpatizaban e incluso votaron a UPyD por ser un partido nuevo. Tiende a confundirse lo nuevo con la solución. Algo similar ocurre con este movimiento que muchos apoyan por el simple hecho de estar formado por gente corriente de calle que, en teoría, no trata de adoctrinar políticamente a nadie.

Ahora yo pregunto, ¿hay alguien tan ingenuo que realmente piense que ninguno de los que forman (o formaban) las asambleas del 15-M en las plazas o que mismamente escribirán en este “periódico” no haya votado nunca al PP o al PSOE? o por otra parte, ¿nunca haya estado satisfecho, o al menos involucrado, con este sistema que tanto nos asquea a todos?

¿Quién piensa aquí?

La falta de pensamiento (y no lo digo como insulto sino como la evidente falta de tesis políticas dentro del propio movimiento) me hace dudar de esta nueva idea de los indignados. Está claro que no hay un proyecto común en cuanto a ideas que sirvan de vía para crear ese sistema equilibrado en todos los ámbitos que tanto reclaman y, si verdaderamente las hay, salta a la vista que están dispersas entre tanto cántico pegadizo.

Sólo hay que echar un vistazo a las normas que ha creado el propio periódico para darse cuenta de la macedonia mental que tiene el 15-M, entre las cuales aparece que “ningún político o periodista de medios de comunicación comerciales podrán escribir en él”. A lo que añade que “En el periódico puede escribir quien quiera. Pertenezca o no a una asamblea su aportación será tenida en cuenta”.

Queramos o no, todo movimiento necesita un líder o cabezas pensantes que establezcan unos pasos conjuntos. El problema que ha tenido el 15-M desde el principio es que ha tratado de ser un movimiento de todos y para todos, lo cual es tan respetable como imposible porque dentro del “todo” está el “cada uno”. Si a esto se le añade que el propio movimiento se niega rotundamente a recibir ese empujón que tan bien le vendría por parte de intelectuales, pensadores e incluso políticos capacitados para aportar cosas buenas a la sociedad (que aunque no lo parezca, los hay), el 15-M seguirá siendo lo que es, la calle; y en la calle hay de todo: gente adinerada, humilde, culta, con escasa formación, honesta, amable, simpática, agradecida, leal, falsa, hipócrita e incluso ratas.

Escrito por Julio Huete



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