Yo no voté a Angela Merkel

El lunes se volvía noticiosa la reacción popular a la reforma laboral aprobada en este mismo mes de febrero.

La reforma laboral

En primer lugar debe advertirse que este artículo no va a explicar en qué consiste la tan afamada renovación legal, porque todo lo que no sea leer el texto de la misma puede caer en la tentación de distorsionar una realidad que por sí sola es bastante clara. En cualquier caso animo a todos a que busquéis la reforma y por lo menos leáis la exposición de motivos puesto que ya se sabe que “no hay más derecho que la ley, y no hay más ley que la ley escrita”.

En cualquier caso, de un tiempo a esta parte vengo dándome cuenta de que parece que todo el mundo pretende calentar los ánimos lo máximo posible. Porque la de tonterías que tienen que escucharse a lo largo del día no pueden tener más motivación que hacer que a la gente le den ganas de quemar cosas.

Por un lado tenemos a los de un bando pidiendo esfuerzos a la ciudadanía, eso sí, desde su privilegiado puesto político y sin tener que preocuparse por el futuro de sus hijos porque básicamente ellos lo deciden. Por otra parte aparecen los otros echándose las manos a la cabeza y rasgándose las vestiduras como si ellos no hubieran subido los impuestos o hubieran llevado a cabo una excelente gestión económica para evitar los despidos.

Pero sobretodo, ahí aparecen, a lo lejos en sus corceles, nuestros héroes los de los sindicatos. Esos luchadores incansables de los derechos de los trabajadores que sólo se acuerdan de defenderlos cuando es el Partido Popular el que se encuentra en el poder. Estos ángeles de la reivindicación que vocean por los que aún trabajan (cosa muy loable por otra parte) y se han olvidado durante años de los cinco millones que están parados, ahora se creen con derecho de arengar a las masas.

Aquí todo el mundo sacando tajada de las desgracias ajenas, ¡café para todos!

¿Cedimos nuestras almas?

Claro que más allá de de la opinión que cualquiera pueda tener de un atraso legal de este calibre y el susto que – no sin motivo- tienen en este país los pocos que aún siguen teniendo trabajo. Lo más grave, como de costumbre, es de lo que no habla nadie.

Enfadaos lo que queráis pero sabiendo que no es nuestro presidente el que ha querido reformar nada para mejorar nuestra situación, esto no es algo que hayan ideado las mentes tecnócratas de nuestro gobierno, esto nos lo han impuesto, bueno nos lo ha impuesto la simpática y dulce Angela.

Claro, el hecho de que llevemos años de cabeza siguiendo las directrices de los que tienen la sartén por el mango en la Unión Europea, nos puede hacer plantearnos-siendo muy mal pensados- que a lo mejor Alemania toma las decisiones que más la benefician a ella y que el bienestar de los españoles le preocupa tanto como el de los  cachorritos del mundo.

Por no hablar de que ni la situación financiera, ni el sistema laboral alemán es el mismo que el que nosotros tenemos. Así que, ¿Qué efectividad pueden tener en un país medidas pensadas por y para el bien de otro?

Bueno, quizás tendríamos que haber pensado en esto durante la euforia europeísta en la que nos dedicamos a ceder competencias soberanas como posesos. Pero éramos tan felices disfrutando de casas que no podíamos pagar que para qué mirar más allá de nuestras narices.

Escrito por María del Mar Giménez

Recomienda este artículo:
”Menéame”               
            

Un comentario en Yo no voté a Angela Merkel

  1. Somos marionetas en manos de un sistema capitalista y corrupto…