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Política seda2

Publicado el 4 marzo, 2012 | por Leonardo Seda

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La amistad sindical

Toxo y Méndez. Cándidos ambos. Una amistad fraternal a ojos vista. Un hermanamiento sincero entre un bigote grueso, una barba cerrada y la miopía. El primero, con su bufanda de marca, hablando en nombre de una Unión General de Trabajadores cada vez más selecta. El segundo, dice ser el líder de los obreros, vistiendo su Rolex con sabida sapiencia de su posición -que no de su cargo-, asintiendo y agitando el cerrado puño contra según qué gobierno.

Son amigos, por lo que todas sus apariciones las protagonizan a dúo y bajo la misma cantinela. Qué terminología, señores. Admiren la salivilla que se escapa por debajo de esos cuidados mostachos, pues se trata del verdadero talento verbo-sindicalista español materializado.

Los medios generalistas los fotografían juntos, en actitud hostil y frente a consignas que alientan a los corazones más desazonados a alzarse bajo el sentimiento proletario más profundo. Ya casi se hace raro verlos por separado en algunos de sus frecuentes homenajes al que trabaja -y réquiems por el que otrora lo hizo. Más raro aun es ver nombradas sus formaciones por separado (UGT y CCOO) entre las páginas de El País, El Mundo, La Vanguardia, etc. Los ‘Sindicatos’ es un término que los casa tremendamente bien, a mayor comodidad del periodista. 

Mientras, detrás de las fotos de los periódicos y tras tanto derroche de consignas comunistas y pelillo de barba, están los millones o cientos de miles de trabajadores a los que dicen representar. Bajo la armonía y la pompa de estos compañeros del Burberry y los relojes caros, está la continua guerra sindical, que parecen tan solo recoger los periódicos locales.

En cualquier centro de trabajo mínimamente poblado pueden observarse las peores tretas, las pataletas más sentidas y el caciquismo a pequeña escala más imponente. Las mini elecciones celebradas para ver qué sindicato ‘defiende’ a los trabajadores de esas empresas contrastan con la imagen que sus líderes, Toxo y Méndez, dan en los medios.

Cualquiera que hojee un periódico ‘de provincias’ puede ser víctima de las mareantes vueltas de tuerca, tejemanejes y lindezas que en una misma compañía se mandan miembros de un sindicato a otro, con tal de sobreponerse al otro. Una pelota que lanzan entre ellos y que, de cierta forma, hace la suerte de ejemplo liliputiense de democracia a la española. 

Toxo y Méndez. Méndez y Toxo. La sempiterna pareja no debe alegrarse de que las divisiones de sus sindicatos se tiren de los pelos en pequeñas ciudades y pueblos alejados de la mano de Dios. Los problemas de sus electores sindicales les quedan demasiado por debajo de su elegancia y saber-hacer proletario.

“¿¡Qué ejemplo de compañerismo es este!?”, implorarán los dos, agarrados de la mano. “¿Desde cuándo el bisindicalismo no puede coexistir pacíficamente?”, se preguntarán a diario, angustiados, nuestros líderes sindicales.

Una recomendación que les dejo a ustedes sobre esto, y que les vendrá de perlas, es que compren su periódico local con el desayuno, para luego reírse a gusto con el telediario de las tres. Pero no se angustien si les cae un pelillo en la sopa.

Una columna de Leonardo Seda



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