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Política julio

Publicado el 28 marzo, 2012 | por Julio Huete

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Amigos hasta en el infierno

En política, y más últimamente, no valen las confianzas ni los empecinamientos, al igual que tampoco existen únicamente el blanco y el negro. Y si alguien duda de esto, sólo tiene que fijarse en el resultado electoral de las elecciones andaluzas y asturianas que El Patíbulo proporciona (justo abajo del todo) para darse cuenta de ello.

¿Por qué esto de la confianza? Probablemente nos lo explicaría mejor Javier Arenas, el casi presidente de Andalucía, pero puesto que algo me dice que no dedicará su tiempo, y muchos menos a nosotros, a hacer autocrítica de la situación, tendrán que conformarse con mi visión.

Una persona con tres derrotas electorales a sus espaldas, que no acudió al debate de Canal Sur a sabiendas de que le perjudicaría, que no hizo precisamente una campaña de “cambio andaluz” por mucho que lo pusiera en su eslogan y, sobre todo, en pleno contexto de recortes por parte del PP, ¿realmente podía esperar una mayoría absoluta en un feudo tan arraigado al socialismo como Andalucía?

Sólo caben dos posibles contestaciones: o Arenas pecó de ingenuo o, una vez más, el Partido Popular volvió a caer en la arrogancia que tan malas pasadas le han jugado a lo largo de su historia.

Hipocresía política

Quién le iba a decir a José Antonio Griñán que en cuestión de horas resucitaría del reino de los muertos políticos para ascender a la presidencia de su tierra. Y sobre todo, quién les iba a decir a los ganadores de las elecciones que su victoria sería como una derrota porque seguramente ninguno de los dos, ni Arenas ni Fernández, gobernarán en sus comunidades. Pero esto no es todo, aún se pueden seguir sacando paradojas de lo ocurrido el pasado 25-M o, por llamarlo de otra manera, indagar en la hipocresía política.

Izquierda Unida, la vencedora real de las elecciones andaluzas, no sólo sube abismalmente en número de votos sino que tiene la llave para que continúe la hegemonía socialista. En menos de un año ha pasado de ser parte del rencor socialista (recordemos que si el PP está gobernando en Extremadura es, en parte, por culpa de Izquierda Unida que negó el apoyo al PSOE en las últimas autonómicas) a convertirse en su gran salvador.

¿Hasta qué punto llega el deseo de poder que aísla las ideas y los proyectos con tal de conseguirlo? Vayámonos a Asturias. Allí la hipocresía, a veces mal conocida con el nombre de “pacto”, es si cabe más visible. Por un lado, Álvarez Cascos tendrá que pactar sí o sí con el PP, partido del cual se fue, si quiere gobernar. Por otra parte, pese a haber ganado, el PSOE tendrá que formar grupo con UPyD si es que finalmente consigue el voto emigrante, lo cual no dejaría de ser sorprendente por razones obvias.

La corrupción sigue siendo tradición

Hay manías que se convierten en costumbres. Algo similar ocurre en España con la corrupción. Ya son muchas las elecciones que han demostrado que la corrupción no se castiga tanto en las urnas como las decisiones políticas. El último claro ejemplo lo encontramos en Andalucía. Pese al escándalo de los ERE, el PSOE seguirá gobernando y habiendo recibido un castigo electoral más bien escaso.

Es un hecho que la reforma laboral y los diversos recortes del gobierno del PP han pesado más que los casos de corrupción, pero no deben sentirse víctimas aquellos a los que tampoco les ha pasado factura la trama Gürtel.

Y visto el comportamiento electoral, dejo en el aire la siguiente pregunta: ¿acaso es sano para un país que dice ser democrático asumir la corrupción como parte del juego y rechazar por decisiones políticas, bien o mal tomadas, a un partido político sea del signo que sea?

Escrito por Julio Huete



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