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Cultura escuderoav

Publicado el 18 abril, 2012 | por Escudero

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Cuando muera un grande

Hace una semana, tuve una arcada moral, un episodio relativo a la capacidad del pueblo español de odiar con estupidez. Moría esos días el maestro Mingote, uno de los pilares de la viñeta española y una trayectoria admirada por todos los que nos hemos dedicado al oficio.

Decidí consultar la noticia a través de Público.es. Bajo la necronólogica, los lectores habían ido dejando comentarios al uso. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando tras varios comentarios de condolencias y respetos brindados al maestro, comienzan a aparecer frases del estilo “a ver si Ussía le sigue pronto, vaya par de fachas de caverna”, o “le guardaré tanta intolerancia (?) como él la tuvo con sus compatriotas, menudo reaccionario”, seguidas de más aún pidiendo que fuera al infierno y cosas en las que los izquierdistas lectores de Público no deberían creer, al menos de cara a la galería.

Me pregunté cómo podía haber tanto odio mascado como chicle en el ambiente. ¿Un referente del mundo de la viñeta no podía morir en su sana vejez sin que se brindara por su muerte? ¿Realmente se le equiparaba con ese gesto a figuras dictatoriales como Franco? La muerte del general fue una de las pocas ocasiones en que los españoles tuvieron algo que celebrar durante aquellos larguísimos cuarenta años de paz de cementerios. Sin embargo, y a casi otros cuarenta desde la recuperación de la democracia, ya aparecen elementos dentro del radicalismo progresista (¿antítesis?) que brindan por la muerte de un escritor “enemigo”. ¿No deberíamos ver lo enfermos que estamos, como hemipléjicos ideológicos que continúan viviendo la Guerra Fría?

Gran parte de la división izquierda-derecha (no toda) se genera artificialmente para ocupar los espacios dictados por la sociología del marketing. Es decir, “yo me llevo a los laicos, tú a los meapilas, yo a los jóvenes, tú a las amas de casa”. Duro de aceptar, sí, pero confirmable por todo experto en marketing político que os encontréis por la calle. Se mantiene vivo el rescoldo del rencor para fidelizar votantes. Es un mercado más, uno de lealtades de masas. Así que cuando muera un grande, nos quitamos el sombrero y en paz. Nada de banderitas, al menos por ese día.

Escudero



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