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Oro de Moscú brindis_cerveza

Publicado el 4 julio, 2012 | por Óscar Sainz de la Maza

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Dale gas

A los españoles nos gusta exagerar. En el bar, que es donde bebes, o ves fútbol (y bebes), o te acuerdas de la España de los noventa y bebes aún más, la rutina se puede volver aburrida; qué mejor que soltar un “todos los políticos son unos ladrones” para quedar como el Fermín más malote del antro. Cosa distinta sería que llegara un Gerald Brenan y dijera que todos los españoles somos unos bocazas borrachuzos. Pero el señor Brenan se comportó muy bien, jamás dijo nada y además donó su cuerpo al Colegio de Médicos de Málaga, con la de cuerpos que les habían caído ya en el año 37.

A lo que voy, a los periodistas nos pagan por exagerar. Si a una niña la atropella una bicicleta y uno lo publica así, pues el asunto pierde chicha. Puedo oir a alguno: “Ay, si sólo la hubiese atropellado un avión, o al menos lo hubiera hecho dos veces…”. Claro, que si yo abro titular con Última víctima de una perniciosa moda entre los jóvenes, pues el lector se me derrite y más con los 40 grados que va a hacer pronto en la Península y que ya hace en aquellas partes de la misma que están socarradas. El caso es que hay que exagerar. ¿Que Nick Clegg saca a los liberales ingleses del ostracismo en el que estaban sumidos? Pues lo va a partir, primer puesto o nada. ¿Que reaparece Marine Le Pen? Francia más facha que el Ultrasur. ¿Que las ediciones digitales roban lectores a los diarios en papel? Numerito del funeral, el “papel ha muerto”. Para qué preguntarnos si hoy en día el soporte digital se acerca siquiera a la calidad que ofrecen los números impresos… La virgen.

Como dije antes, no se queda ahí. Es una virtud enquistada a nivel nacional. Por la calle, o en el susodicho bar -pero también en una universidad- es fácil escuchar aquello de “los extremos se tocan”, o “la Historia se repite”, sin que nadie le pida la opinión a alguien del ramo. En política, o en la vida en general, también se suelen oír frases rescatadas de la ignorancia colectiva, que por haber sido dichas por todo el mundo y nadie a la vez se aceptan sin pestañear. Se aceptan y se maximizan. Dale gas, Pepe, que no llegamos al fútbol.



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